La poblada de Cutral Có y Plaza Huincul: el primer gran piquete argentino

26 años atrás nacía un movimiento social sin precedentes en Argentina. Les habitantes de Cutral Có y Plaza Huincul cortaron la Ruta Nacional n°22 de la provincia de Neuquén durante una semana. Pedían respuestas para las miles de personas que habían quedado sin trabajo luego de la privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).

Lo que más tarde se conoció como poblada o  cutralcazo, sucedió entre el 20 y 27 de junio de 1996. En esos siete días, todes les habitantes de la comarca petrolera salieron a la ruta a reclamar por sus derechos.

Cutral Có y Plaza Huincul forman un solo aglomerado urbano. Se encuentra en el centro de la provincia de Neuquén, a ciento nueve kilómetros de su capital homónima. A la vera de la ruta 22 son, por excelencia, un enclave petrolero en el país.

Allí funcionan yacimientos de la empresa YPF. Una compañía que requiere de miles de empleades para llevar adelante su función. Por ende, la mayoría de ciudadanes de Cutral Có y Plaza Huincul trabajaron allí a lo largo de los años. Hasta que llegaron las privatizaciones.

Nota al Pie habló con Miguel Riquelme, quien vivía en Cutral Có en esa época. “Fue fuerte pero no te querías ir, tus ganas de pelear por todos eran más grandes”, recordó de su participación en el corte de ruta.

Cutral Có, la comarca petrolera

Miguel era un adolescente cuando vivía en Cutral Có en los ´90. Estudiaba en la Escuela Nacional Técnica, como la mayoría de les jóvenes del lugar. Allí se graduaban como técniques en minas y petróleos, lo que era clave para conseguir trabajo en las empresas petroleras. YPF era parte de su vida, al punto que en sus talleres realizaban las prácticas del colegio.

Además, su papá trabajaba en YPF. Muchos de los padres de sus amigues también eran YPFianos. Quienes no pertenecían al gigante petrolero, se desempeñaban como empleades municipales o tenían comercios.

Pero el mundo se globalizó y el expresidente Carlos Menem llevó a la Argentina al boom del capitalismo. Las empresas del Estado pasaron a manos de capitales privados.

“Como estaban las cosas a nivel de Gas del Estado y de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) no podíamos continuar”, afirmaba el entonces presidente Carlos Saúl Menem. Corría el año 1993 y el riojano brindaba una conferencia de prensa junto al gobernador de la provincia de Neuquén, Jorge Sobisch. 

“La única empresa petrolera en el mundo que daba pérdida era YPF. Entonces era necesario llevar a cabo estas tareas de privatización”, continuó el hombre de las patillas.

La repercusión de las privatizaciones en Cutral Có

Miguel terminaba el colegio cuando notó cómo cayó el empleo. La empresa petrolera empezó a despedir masivamente a sus empleades. “En mi curso éramos 11 alumnos en el último año del colegio. De esos, 7 teníamos papás que laburaban en YPF”, recordó Riquelme.

“¿Qué va a hacer tu viejo? ¿Cómo está?”, era una de las preguntas que se escuchaban a diario en su aula. Se referían a les familiares que ya perdían el trabajo de toda su vida.

“Muchos cobraron indemnización, y la gente habría mercados”, explicó Riquelme. “Llegó a haber tres kioscos por cuadra”. Ninguna salida laboral era suficiente para solventar los gastos diarios.

Otras personas formaban cooperativas que arreglaban máquinas para YPF. El tiempo pasó, y el caos de la empresa petrolera llegó a la familia de Miguel. Su padre fue invitado a jubilarse, luego de pertenecer a YPF por casi treinta años.

Una ciudad sitiada

Había una luz de esperanza para les miles que se habían quedado sin empleo. Se iba a construir una planta de fertilizantes en el lugar que los recontrataría. Pero el gobernador neuquino Felipe Sapag, dejó sin efecto el convenio con la firma canadiense Agrium, que llevaría adelante la empresa.

Este fue el punto decisivo. En la mañana del 20 de junio de 1996, la FM cutralquense Radio Victoria transmitió la triste noticia. Les oyentes comenzaron a llamar para dar sus opiniones. Así, espontáneamente, la gente se autoconvocó en la Ruta Nacional nº22.

Miguel no dudó en movilizarse. Si bien tenía un empleo fijo en la municipalidad, ver a su papá sin trabajo era muy duro. Así que fue con el resto del pueblo a la Torre Petrolera del acceso este de Plaza Huincul, sobre la ruta 22. “No luchaba solo por mi familia, sino por mis amigos, vecinos, tíos. Era pelear por el futuro de la ciudad”, reflexionó.

Primero eran pocos. Cuarenta, cien, doscientas personas que se apostaron en los costados del camino. Luego, el boca en boca hizo que medio pueblo esté allí. Se cortaron los accesos a las dos ciudades. Los camiones con combustible no podían entrar ni salir de la comarca petrolera.

Les empleades de la municipalidad cerraron el edificio para poder ir a la ruta. Lo mismo pasó con el banco y las dependencias públicas. Les comerciantes bajaban sus persianas y llevaban alimentos a quienes mantenían el corte.

Esa semana, la rutina de Miguel cambió. “Todos los días a las 5 o 6 de la mañana iba a la ruta. Después caían tus viejos, tu familia, todos tus conocidos”. En el frío patagónico, el pueblo aguantaba como podía. En la ruta había ollas con arroz, mate cocido, guiso. Algunas personas, les fogoneres, se encargaban de mantener la llama prendida y alimentar al resto de la gente.

¡Fuera Gendarmería!

Así pasaron los días y les habitantes de Cutral Có y Plaza Huincul seguían en la ruta. Todo el país se enteró del problema de la comarca petrolera, por lo que el gobierno provincial tuvo que hacer algo.

El 24 de junio, les reclamantes tenían que tomar una decisión. Sabían que al día siguiente, las fuerzas de Gendarmería irían a desalojar. “Había asambleas a lo largo de la ruta. Y no eran cien personas, eran miles”, se emocionó. El punto neurálgico era la Torre este. La voz popular fue: “de acá no se mueve nadie, vamos a estar hasta el último momento”.

El 25 de junio Miguel volvió a la ruta. A las ocho de la mañana escuchó las sirenas de los bomberos, tanto de Plaza Huincul como de Cutral Có. Les avisaban a los miles allí presentes que Gendarmería se aproximaba. “Parecíamos hormigas, y ese sonido no lo olvido más”.

Las fuerzas policiales llegaron con camiones hidrantes y gases lacrimógenos. “Pero éramos tantos que no sabían para donde tirar, y había muchas barricadas de fuego”, rememoró. Después de horas de avanzar y retroceder se dieron por vencidos, y llegó el momento que es recordado por todes.

La jueza que había firmado la orden de desalojo era Margarita Gudiño de Argüelles. Presente en la Ruta Nacional nº22, pidió hablar con une representante. El pueblo le demandó dirigirse a la Torre, y dialogar con todes. Allí, subida en el techo de una camioneta, se declaró incompetente y derivó el caso.

Miguel, al igual que todos, estalló de alegría. “Cuando dijo incompetente, la gente comenzó a gritar: ¡Cutral Có, Cutral Có! Todos llorábamos, fue una gran felicidad”. Exigían la presencia del gobernador Sapag, sentían que el pueblo había ganado.

Cutral Có
Les pueblerines no solo cortaron la ruta, sino que se brindaban ayuda entre elles, en lo referente a comida y abrigo. Crédito: La Tinta.

El después 

El corte de ruta duró hasta el 27 de junio. “Las respuestas desde el Estado fueron crear algunas cooperativas”, explicó Miguel. “Se firmó un acuerdo con los representantes del corte, los intendentes y el gobernador de Neuquén”.

Les prometieron que la planta fertilizante se instalaría allí, pero eso nunca sucedió. “Fue para que el pueblo saliera de la ruta”, se da cuenta Riquelme mucho tiempo después.

El cutralquense afirmó que con los años los pueblos resurgieron de las cenizas. Pero explica que costó mucho que la gente se adaptara a no vivir de YPF o que se instalaran otras plantas industriales en las ciudades.

“El Estado estuvo ausente en nuestros pueblos” se lamentó. Aunque asegura: “Si vos me preguntas si lo volvería a hacer, te digo que sí”.

fuente:https://www.notaalpie.com.ar/2022/06/23/la-poblada-de-cutral-co-y-plaza-huincul-el-primer-gran-piquete-argentino/

escrita por: Romina Toledo

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