Dos activistas ambientales lanzaron sopa a La Gioconda en el Museo del Louvre

«Qué es lo más importante? ¿El arte o el derecho a una alimentación sana y sostenible?», gritó una de las mujeres, que forman parte de la organización Riposte Alimentaire. La obra no sufrió daños.

El Museo del Louvre en París fue escenario de un momento de tensión este domingo, cuando dos activistas ambientales le tiraron sopa La Gioconda, la obra maestra de Leonardo Da Vinci, para protestar contra la política alimentaria de Francia. Gracias a la protección que tiene desde 2005, la obra –también conocida como la Mona Lisa– no sufrió daños, pero el video se viralizó rápidamente en las redes sociales.

«Qué es lo más importante? ¿El arte o el derecho a una alimentación sana y sostenible? Nuestro sistema agrícola está enfermo», gritó una de las mujeres durante la protesta, que es parte de la campaña «Food Response«, de la organización Riposte Alimentaire (Respuesta Alimentaria). «A través de su acción no violenta, Sasha (24 años) y Marie-Juliette (63 años) exigen el establecimiento de una Seguridad Social Alimentaria Sostenible«, describieron desde la organización en su cuenta de X.

Según argumentaron, la acción se ve motivada por el hecho de que en Francia una de cada tres personas se salta las comidas por falta de recursos, al mismo tiempo que se desechan el 20% de los alimentos. «Nuestro modelo estigmatiza a los ciudadanos en situación más precaria y no respeta nuestro derecho fundamental a la alimentación», afirmaron.

Y coincide con la protesta de los agricultores franceses, quienes desde hace días mantienen bloqueadas las rutas para reclamar por el fin del aumento de los costos del combustible y la simplificación de las regulaciones. Según Riposte Alimentaire, esta situación «obliga a los agricultores a vender con pérdidas presionados por la distribución masiva» y menciona un informe de la Mutua Social Agrícola, que documentó desde 2016 el suicidio de un agricultor cada dos días.

La secuencia en el Louvre duró solo unos minutos. Las activistas eludieron la seguridad del museo, pasaron por debajo de las barreras que rodean a la Mona Lisa y le lanzaron la sopa de color anaranjado. Los empleados del museo colocaron biombos frente al cuadro para impedir que los asistentes tomaran más fotos, y la sala fue evacuada rápidamente.

Rachida Dati, ministra francesa de Cultura, sostuvo que «ninguna causa podría justificar que [la Mona Lisa] fuera atacada». La obra de Da Vinci atrae a millones de visitantes todos los años para posar junto a la sonrisa más enigmática de la historia. El cuadro mide poco más de 77 centímetros de alto y 53 de ancho.

Los ataques a obras de arte de museos de todo el mundo se convirtieron en el método preferido por grupos de activistas contra la crisis climática alimentaria. «Las Majas» de Goya en el Museo del Prado de Madrid a «Los Girasoles» de Van Gogh y «La Venus del espejo» de Velázquez en la National Gallery de Londres, son algunos de los cuadros  que fueron escenario de reclamos a gobiernos.

La obra más famosa de Leonardo da Vinci colecciona agresiones: en 1956 un hombre con problemas mentales lanzó una piedra contra el cuadro que rompió el cristal de protección de la obra y provocó el desprendimiento de la capa pictórica a la altura del codo izquierdo de la Mona Lisa. Esos daños, pese a la restauración, aún son visibles.

Se instaló entonces el cristal antibalas que hizo posible que la pintura no sufriera daños en otro ataque, esta vez con pintura, lanzado en 1974 por una mujer cuando el cuadro se encontraba en una exhibición en el Museo Nacional de Tokio (Japón). La agresora protestaba contra la política del museo, que dificultaba el acceso al mismo a las personas discapacitadas.

Se decidió entonces que «La Gioconda» no saldría del Louvre, pero ello no impidió que en 2009 una mujer rusa lanzara contra el cuadro la taza que acababa de comprar en la tienda del museo en protesta por que le habían denegado la ciudadanía francesa. El lienzo no sufrió daños. Además de los actos vandálicos, el cuadro sufrió un robo en 1911, cuando Vincenzo Peruggia, empleado del museo más visitado del mundo, se escondió durante la noche en un armario para llevarse el cuadro. Fue recuperado dos años después, cuando intentó venderlo a un anticuario en Florencia, Italia.

FUENTE: Página 12

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