«Perros del viento»: el instinto animal de arrojarse al vacío

Tras familiarizarse e indagar sobre la leyenda de los perros suicidas, el director Hugo Grosso llevó a la ficción una historia para la que hay pocas respuestas. En vísperas del estreno, Nota Al Pie dialogó con Grosso para conocer las confidencias del proyecto.

El próximo viernes 15 de septiembre llega a las mejores salas del país, Perros del viento, un film dramático dirigido por el escritor y director rosarino Hugo Grosso. Al mismo tiempo, está acompañado por el reconocido actor Luis Machín, quien representa al personaje principal, Ariel. Este tomará las riendas de una búsqueda detectivesca que lo empuja a saldar cuentas con su pasado.

Por otro lado, quienes acompañan al actor Luis Machin son las actuaciones especiales de Carlos Portaluppi y Marta Lubos. Junto a elles, un elenco internacional compuesto por Roberto Suárez(Uruguay) y Estrella Zapatero (España), y les rosarines Lorenzo Machín y Gilda Scarpetta.

Tráiler Oficial de «Perros del viento».

La historia de Perros del viento da comienzo cuando Laura (Gilda Scarpetta) pasea a su perra Lola por el Parque de España ubicado en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. De repente, la siberiana se suelta, salta la baranda de contención y se arroja al vacío. Por otro lado, Ariel (Luis Machin) es un escritor de poca monta. Hace tiempo se autoexilió en España para escapar de la contradicción que le produjo ligarse sentimentalmente con Laura, esposa de José María (Roberto Suárez), su mejor amigo.

Ariel trabaja para “Animalidad”, un ciclo transmedia sobre el comportamiento animal. Al inicio de la obra, comienza a recibir mensajes de una persona cuyo pseudónimo es Magritte con información sobre los suicidios caninos del Parque de España. Al respecto, le confiesa que “hay un viento inaudible para los humanos, el cual convoca a los canes para que sean víctimas de un engaño visual”.

Ariel cree que ha sido convocado por Laura y regresa a su ciudad natal para investigar sobre el tema. Con cada dato que incorpora, se vuelve más vulnerable, primitivo y animal. Pasa días vertiginosos al límite de saltar al vacío, atraído por una tempestad interior tan extraña y visceral como el viento que convoca a los perros.

Para saber más acerca del origen de la película y de la leyenda que inspiró la misma, Nota al Pie dialogó con el director y guionista del largometraje, Hugo Grosso.

¿Qué te hizo querer indagar sobre el tema que tratas en “Perros del Viento”?

En Perros del Viento retomo la metodología de trabajo de mis películas anteriores, como La salvaje, A cada lado y Balas Perdidas. Partiendo, para la elaboración del guion, de personajes, situaciones o hechos singulares de la ciudad donde nací; y que constituyen, en suma, lo que suele llamarse “la rosarinidad”.

Esta vez, tomé como disparador el mito urbano de los perros suicidas del Parque de España. Lo utilicé metafóricamente, para ahondar en las decisiones que signan el comportamiento humano.

Se trata de personajes que ingresan a una franja etaria en la que comienzan a replantearse qué han hecho de sus vidas. Entonces, necesitan observar, desde el punto de vista presente, aquellas situaciones que han quedado idealizadas en el pasado.

En definitiva, me interesó hablar de la complejidad de esos vínculos, atravesados por deseos y contradicciones; y usando como contexto dramático el fuerte atractivo y la conmoción que despierta el extraño fenómeno.

perros del viento
Hugo Grosso, director y guionista de la película “Perros del viento”, aseguró que para crear la película entrevistó a muches profesionales. Crédito: Prensa “Perros del viento”.

¿Qué crees de la teoría que se menciona en la película sobre los perros “suicidas”?

No soy una persona creyente, y por lo tanto, me resisto a creer que haya algo mágico o sobrenatural en este fenómeno. Lo cierto es que, durante la investigación temática y narrativa para la elaboración del guion, entrevisté a muchas personas. Veterinarios; periodistas; ingenieros de sonido; adiestradores y hasta damnificados. Todos dan cuenta de que la caída de los perros es real, aunque resulte difícil de cuantificar.

A pesar de que de sus testimonios no surge una certeza respecto del motivo concreto por el cual sucede, aparecen dos hipótesis principales. Ambas se vinculan a lo visual y/o lo sonoro como factor de atracción o desorden en el comportamiento animal.

Creo que la presencia de estos dos elementos, la imagen visual y la imagen sonora, deben haberme atraído tanto como la historia. Parafraseando a Fernando Birri, allí intervienen “el ojo y la oreja, los dos músculos del cine”.

¿Es una leyenda, cómo se dice que es, o es real? 

El hecho ocurre realmente y las primeras noticias se remontan a la década del 90, con la construcción misma de la colosal obra arquitectónica. No obstante, el entrecruzamiento de argumentos y creencias le ha ido dando al fenómeno una tipificación de “mito urbano”. Ya resulta difícil discernir qué es estrictamente cierto y qué es lo que la gente cree, y crea.

Es probable que ese resbaladizo límite entre la verdad y el verosímil sea el espacio en el que me interesa indagar. Puede que el recurso resalte más en Ariel, en cuanto al protagonismo que tiene dentro del film; pero mi intención es que todos los personajes naveguen en esa inminencia de saltar al vacío, como ocurre con los perros.

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Según Grosso, la historia también indaga ese tiempo en que une se comienza a replantear qué se ha hecho con la vida. Crédito: Prensa “Perros del viento”.

¿Por qué crees que los perros toman esa decisión y qué te llevó a pensar en el viento como causante?

Podría responder si tuviera la capacidad para meterme en la cabeza de un perro y así entender cuál es la cuerda que articula esa determinación. Por lo pronto, me atrajo la idea de analizar el accionar de los canes para compararlo con el comportamiento humano. Jugar en ese límite entre lo instintivo y lo racional, donde existen tantas coincidencias entre ambos.

El sonido del viento es una de las variables posibles. Tal vez alguna frecuencia imperceptible para el oído humano que puede alterar la conducta animal. Esta es una de las argumentaciones que corre con más ventaja. Las particularidades de la construcción, sumada a la cercanía con el río, hacen que allí cualquier brisa suene a tempestad. Sin embargo, se trata de una valoración de la percepción humana que no necesariamente coincide con la de los perros suicidas.

¿Cómo elegiste el nombre “Perros del viento” para la película? También me llamó la atención la frase “Todo lo que vemos, esconde otra cosa”…

Evidentemente, me dejé tentar por la primera hipótesis, y también debe ser porque me resultó la más poética. No sé si me hubiera animado a “Perros de las bajas frecuencias que vienen de los barcos” o “Perros a los que se les altera el campo visual”, entre otros.
La frase es una derivación de un pensamiento de René Magritte. No sé si es aplicable a lo que pasa con los perros, o en todo caso será lo cada uno querrá ver cuando acabe la película. Lo cierto es que, desde lo argumental, me interesó bucear en lo que está escondido detrás de lo aparente; eso que los personajes llevan oculto pero que, en algún momento, les aflora y estalla.

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