Desconcierto total en el Foro de Davos ante el insólito discurso de Javier Milei

En su primera exposición internacional, el mandario cuestionó a la dirigencia política global por seguir ideas «colectivistas». Críticas al «feminismo radical» y al ambientalismo.

El clima húmedo de montaña que se respira en Davos recibió por estos días a los líderes políticos y empresarios más poderosos del planeta. Como todos los eneros, aviones privados y comerciales aterrizaron en la ciudad de los Alpes suizos para trasladar a los participantes del Foro Económico Mundial. Ante ellos, Javier Milei hizo su debut internacional.

El presidente argentino se paró frente al estrado, se acomodó los anteojos para leer su discurso y sin medias tintas acusó a la élite política de estar «cooptada por una visión que conduce al socialismo y la pobreza». «Estoy acá para decirles que Occidente está en peligro», los retó. Desde la platea, representantes de organismos multilaterales escuchaban atónitos.»No se dejen amedrentar por la casta», aleccionó a los empresarios presentes, a quienes calificó de «héroes».

Sus palabras generaron algunas risas, tenues aplausos y mucho silencio. Previo a su exposición, el mandatario se reunió con el canciller británico David Cameron y hablaron de un tema que no lo interpela: la causa Malvinas. Por la tarde, mantuvo encuentros con la reina de los Países Bajos, Máxima Zorreguieta; y la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva.

Los más de 20 minutos de intervención del jefe de Estado estuvieron plagados de duros cuestionamientos al Estado y nostálgicos elogios a la economía mundial del siglo XIX. Con el manual de la escuela austríaca bajo el brazo, Milei sostuvo que “el capitalismo de libre empresa es la única herramienta que tenemos para terminar con el hambre, la pobreza y la indigencia a lo largo y a lo ancho de todo el planeta”. En contraposición, y como el peor mal de todos los males, remarcó que la «justicia social» es «injusta» y «violenta» porque «el Estado se financia a través de impuestos y los impuestos se cobran de manera coactiva».

“Buena parte de las ideas aceptadas en Occidente son variantes colectivistas, ya sea que se declamen comunistas, fascistas, nazis, socialistas, socialdemócratas, keynesianos, progresistas, populistas, nacionalistas o globalistas. En el fondo no hay diferencias sustantivas, todos sostienen que el Estado debe dirigir la vida de los individuos”, argumentó ante la sorpresa de los asistentes, en un auditorio con la mitad de las butacas vacías. Con esa particular visión, el Presidente ratificó lo que había expresado en la antesala de su llegada a Suiza, cuando aseguró que la cumbre que opera como altar de los meganegocios globales era un evento “contaminado por la agenda socialista”.

La calificación sorprendió a los propios asistentes, que forman parte del establishment internacional, pero que no acompañan la extrema defensa del mercado ni los exagerados cuestionamientos a la dirigencia política.

También se ubicó en las antípodas del compromiso que el papa Francisco le requirió a los asistentes del Foro: «Es esencial que los Estados y las empresas se unan para promover una solución ética con visión de futuro… dando prioridad a los pobres, los necesitados y aquellos en situaciones más vulnerables». La misma línea siguió el mandatario de España, Pedro Sánchez, que habló justamente después de Milei. Parado en el atril, pareció contestarle al argentino. “Los españoles saben que las políticas neoliberales no funcionan. Que la opción de reducir el tamaño del sector público y dejar solos a los ciudadanos y a las pequeñas empresas cuando surgen los problemas no tiene sentido. Y que, cuando colaboramos y estamos juntos, somos más fuertes”, sentenció.

Nostalgia del siglo XIX

El libreto que Milei llevó a Davos es el mismo que difundió los últimos años como panelista de televisión, el calco de una charla TED que dio en 2019 y la carta de seducción que utilizó durante la campaña electoral. Repitiendo los mismos conceptos, puso como ejemplo a la Argentina, al asegurar que su mejor época fue “cuando adoptó el modelo libertario en 1860 y se convirtió en la primera potencia mundial”, hasta que ingresaron “las ideas del colectivismo y comenzó a empobrecerse”. En suma, para el anarcocapitalista, los míticos años de gloria –cuando el país supuestamente tenía el PBI per cápita más alto del mundo– se extendieron hasta la llegada de Hipólito Yrigoyen a la Casa Rosada, una decadencia que se profundizó con el surgimiento del peronismo. La falta de estadísticas oficiales y la profunda concentración de la riqueza de aquel momento, sin embargo, ponen en jaque al empírio aludido.

Bajo ese relato, Milei continuó su exposición con el contrapunto de dos modelos: capitalismo de libre mercado versus socialismo. En esta última categoría, a la que denomina «colectivismo», ubicó a los líderes de Occidente y a organismos multilaterales. «En las últimas décadas, motivados por algunos deseos de querer ayudar al prójimo y otros por el deseo de pertenecer a una casta privilegiada, han abandonado el modelo de la libertad por distintas versiones de lo que llamamos colectivismo», esgrimió.

Antiderechos

En esa misma bolsa, de actores que dañaron al capitalismo en el último tiempo, incorporó al “feminismo radical”. Lo señaló como el culpable de “una pelea ridícula y antinatural entre el hombre y la mujer”. «En lo único que devino esta agenda del feminismo radical es en mayor intervención del Estado para entorpecer el proceso económico, darle trabajo a burócratas que no le aportan nada a la sociedad, sea en formato de ministerios de la mujer u organismos internacionales dedicados a promover esta agenda», lanzó con furia.

También desenfundó su postura antiambientalista, al indicar que el socialismo “sostiene que los seres humanos dañamos el planeta y que debe ser protegido a toda costa”. Y de paso habló de políticas de “control poblacional” que incluyen “la agenda sangrienta del aborto”.

Los empresarios, héroes

Para concluir su alocución, Milei intentó brindar un cierre cargado de épica. A pesar de contar con tan solo un mes de experiencia presidencial, le dejó una lección de vida a los jefes de Estado de todo el mundo. “No se dejen amedrentar por la casta política ni por los parásitos que viven del Estado”, les pidió. Con el mismo tono altivo, le habló a los representantes de las multinacionales más ricas del planeta: “No se entreguen a una clase política que quiere perpetuarse en el poder y mantener sus privilegios. Ustedes son benefactores sociales, ustedes son héroes”. Tras presentarse como un aliado internacional, les exigió a los multimillonarios que “no cedan al avance del Estado» porque «el Estado no es la solución sino el problema». «Ustedes son los protagonistas”, los alentó y cerró con su inefable “viva la libertad, carajo”.

El discurso desconcertó a la tribuna. Los acompasados aplausos del final se mezclaron con risas, miradas cómplices, ceños fruncidos y, sobre todo, un resonante silencio. La expectativa que el libertario había generado en la previa a la cumbre se evaporó en tan solo unos minutos. «Puede sonar ridículo lo que estoy diciendo…», se atajó Milei en un pasaje de su intervención. Ese fue uno de los pocos momentos en donde casi todos coincidieron con el Presidente.

FUENTE: Página 12

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